Poema: Anacleto González Flores

Lo saben por los llanos y en la cumbre del risco

las piedras que semejan de la roca un desangre,

lo dicen enlutados los Altos de Jalisco:

enseñó con la vida, la palabra y la sangre.

 

O se canta en corridos con sabor de elegía

cuando ensaya la tarde un unánime adiós,

era cierto el bautismo de la alegre osadía,

era cierto que mueres pero no muere Dios.

 

Ni el Pantano del Norte ni el mendaz gorro frigio,

ni los hijos caídos del caído heresiarca,

callarán el salterio de tu fiel sacrificio

ofrecido en custodia de la Fe y de la Barca.

 

Porque el Verbo no cabe en algún calabozo,

fusileros no existen que amortajen la patria,

sobre la cruz la herida resucita de gozo,

reverdece en raíces coronadas de gracia.

 

Tampoco los prudentes de plegarias medrosas

atasajan tus puños de valiente cristero,

enarbolan banderas que vendrán victoriosas

más allá del ocaso, desde el alba al lucero.

 

Nuevamente, Anacleto, hay que criar coraza,

Acuñar entusiasmo con la arenga y el grito,

Dar sostén a las almas con el bien hecho hogaza

Anunciar el martirio, singular plebiscito.

 

Por eso quien visita tu sepulcro doliente

En la tierra olorosa de campiña mojada

Te pide que lo alistes en la guardia pendiente

Para librar heroicos una justa Cristiada

 

Antonio Caponetto.

Recordandolo en el 92 aniversario de su martirio en el 1 de abril de 1927.

@GallardoChurea

Autor Fernando Gallardo

Ingeniero en Electrónica Mestro en Liderazgo y Dirección Emprendedor de negocios Especialista en innovación y liderazgo

@GallardoChurea

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