In Memoriam de Juan Pedro Robles García, mi amigo y hermano de Ideales

Por el Profesor Adrián Gallardo Rangel. Otoño del 2020.

Tiene el cabello castaño

y ojos color marrón,

mira siempre de frente

con mucha decisión.

Y ese es mi amigo Juan Pedro.

En junio de 1970 conocí a JP, impartía un curso de redacción y periodismo en el Colegio Sonora invitado por uno de mis maestros, siendo ex alumno de esa centenaria institución, ¿Cómo olvidar que al sonar las campanadas, quienes vivíamos cerca del Colegio, salíamos corriendo a la escuela?; entre ellos JP que vivía a un par de cuadras.

Un niño vivaz y de gran talento natural, comprendía al instante los temas del curso, un ser sensible a los problemas de la sociedad; a pesar de su precoz edad dominaba muy rápido los contenidos y sus preguntas claras y profundas permitían al expositor ampliar la temática del programa.

A los 11 años, ante su interés por conocer más, le presté el primer libro, uno de la amplísima biblioteca del P. Hermenegildo Rangel Lugo nuestro líder espiritual de la ACJS, “Juana Tabor” de Hugo Wast. Por aquel entonces pertenecíamos al Comité Diocesano de la Acción Católica, JP leyó el libro con inusitada rapidez, le pedí se lo platicara a sus compañeros, lo hizo con claridad y sencillez en el lenguaje propio de los púberes “teenagers”.

Los 70’s fue una década difícil para México, iniciaba la docena trágica, LEA-JOLOPO, escenario sociopolítico similar a este del 2020 donde López Obrador repite todos los errores del docenato echeverríaco-lópezportillesco. Los preparatorianos de la UNISON participábamos en política estudiantil en grupos católicos anticomunistas, muy pronto JP se incorporó en nuestras acciones.

Con mucho valor y entrega aceptó tareas difíciles para un adolescente, nos enfrentamos a los comunistas de la época, JP me decía: “¿Y quién dijo miedo?”. Tenía valentía y arrojo probado y comprobado en todas las luchas universitarias. Resultaban sorprendentes su participación y madurez siendo él apenas un secundariano.

Valga una anécdota de JP: Quemamos en la UNISON  la foto del marxista leninista Salvador Allende, derrocado por el pueblo como presidente Chileno por sus atrocidades comunistas al llevar a la ruina a su país, la mamá de JP lo vio en el periódico, la foto retocada pues le pintaron barba y bigote, doña Eva le dijo:

– ¡Eres tú Juan!

 -¡No!, no soy yo- JP tratando de salir bien librado.

Doña Eva -Si yo te parí hijo de tuchi, ¿Cómo no te voy a reconocer?

Y suelta la carcajada JP al verse descubierto.

Así se cuentan innumerables historias de él.

A sus escasos 17 o 18 años hizo sus pininos en el periodismo, si mal no recuerdo, en el semanario “Primera Plana” de la editorial “El Auténtico”, allí pergeñaba una incipiente columna sociopolítica.

Sus amigos del barrio eran de la clica del “borrego” Gándara, los Estrella, los Vizcaíno, el “palomo” Blancarte, el Rafa, el “fasiolo”, etcétera. Algunos acompañaron al JP y al “borrego” en su incursión en la política partidista; en muy poco tiempo asumieron el liderazgo del Frente Juvenil Revolucionario del tricolor, Rafael Oceguera Ramos era el coaching de la época.

Entre los 80’s a los 90’s incursionó en la policía federal en el área de comunicación, su aprendizaje periodístico lo había preparado para asumir esa delicada tarea en una corporación anticrimen organizado. Me platicaba JP que en los operativos siempre participó como un agente efectivo, así que le tocaba estar en el fragor de la lucha anticrimen, un astuto sobreviviente de esos aciagos menesteres.

La formación cívico-política de JP fue integral: teoría y praxis, la constante de su vida. Lo que aprendía lo aplicaba y procuraba mejorarlo hasta perfeccionarlo, no improvisaba nada, todo lo hacía fríamente calculado muy cuidadoso del detalle, eso lo convirtió en un pragmático “gladiador político”, como lo describió atinadamente un reconocido periodista local que, armado solamente de un teléfono, una pluma, muchos huevos y su intrincada, compleja y difícilmente replicable estructura de contactos podía poner en jaque a quien sea.

Irreverente ante el poder y los poderosos, su carisma y buen humor lo acercaban a los gobernantes y políticos, asesor de muchos de ellos, era acertado y asertivo, con ello se ganaba su confianza; más cuando les sonreía el éxito ante las recomendaciones certeras del JP.

Buen mexicano, leal, generoso, pródigo, bohemio, comprometido, creativo, perspicaz y meticuloso; entre otras cualidades como la de un “buen diente”. Llevaba al estado del arte el sarcasmo, la ironía y la sátira con un especialísimo modo punzante y burlón que para extraños y adversarios resultaba sumamente desquiciante.

Y hay algo muy cierto: Juan Pedro no era de todos aunque muchos si eran de él. Y hay por ahí quienes con autoasignada autoridad y exclusividad sentencian y acallan a los que “no consideran dignos”, no hay problema, desde el cielo, con su característica mueca irónica el JP nos dice  -¡Síganles el rollo!-. De su familia, a quienes les tenía una ejemplar devoción, de sus amigos y algunos colaboradores, de ellos sí fue en totalidad y plenitud, sin reservas de ningún tipo, pero sobre todo Juan Pedro fue del proyecto gandarista, en el que consagró su vida y su talento.

Son épicas las campañas con su gran amigo y hermano Ernesto Gándara Camou, el “borrego” para muchos, a quien acompañó desde su infancia, más de 50 años de convivir en el centenario, cerca de Catedral, fue pieza clave en el triunfo del “Neto” para la alcaldía de Hermosillo; de las mejores administraciones municipales que ha habido en este municipio.

Durante la precampaña borreguense a la candidatura al Gobierno del Estado JP me platicó sobre el capricho de un inmaduro y berrinchudo fifí Bours, con una egolatría más grande que la de Napoleón Bonaparte impidió y saboteó llegara el Neto a la gubernatura, y aunque sigue denostando al popular “borrego”, Bours supura una enorme envidia por lo carismático de EGC.

En la campaña a la senaduría de EGC, los borreguenses lidereados por JP, echamos toda la carne al asador para que el “Neto” demostrara su enorme gallardía y pundonor político, me decía JP: “Nuestro candidato es el mejor activo del tricolor, es honesto, preparado, maduro y un gran conocedor de la problemática sonorense; el profesionalismo y su linaje ético lo convierten en la mejor opción política para asumir compromisos con la ciudadanía de Sonora”.

Pero como toda extraordinaria historia tiene también su final, tuvo que llegar un maldito virus pandémico que ha sumido en crisis y tragedia a todo el mundo para arrancar a Juan Pedro precipitada e inesperadamente de nuestro lado. Y, entre un caudal de lágrimas de su familia y el ejército de amigos que cosechó, lo despedimos. Rito tridentino, cortejo, mariachi, palabras de Ernesto Gándara que cambian el desenlace cervantino -el Quijote despidiendo a Sancho- porque así fue su vida: una quijotesca aventura en búsqueda de un mejor país. Aventura en la que tuvimos la providencial dicha de participar y testificar.

No quiero que me lloren

cuando me vaya a la eternidad,

quiero que me recuerden

como a la misma felicidad.

Descansa en paz mi amigo, compañero y hermano. Hasta luego JP “John Peter”…

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